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El año de la montaña rusa
Apuntes sobre el año político
A esta altura del año, con el calor y el calendario, siempre pica el bichito de “hacer un balance”. Vale para las personas, para las familias, para las empresas y, como no podría ser de otra manera, para la política.
De la coyuntura actual ya se ha escrito mucho. En resumen, el Gobierno Nacional de Javier Milei llega a la mitad de su mandato con una fortaleza para nada desdeñable, recientemente alimentada por el muy buen resultado electoral nacional de octubre. También cuenta con la ventaja del desorden en el campamento opositor, que se traduce en el electorado antimileísta (con el peronismo como sector más numeroso) en forma de desánimo y desorientación. Hasta hace algunos días, ese cóctel hacía pensar que el oficialismo tenía allanado el camino de las sesiones extraordinarias para tratar el Presupuesto y la reforma laboral, la inocencia fiscal, del Código Penal y la Ley de Glaciares.
Desde Vozna nos sumamos con un breve balance de los últimos meses. Mirando hacia atrás, el año se presenta como una montaña rusa con cuatro momentos bien diferenciados y con sus compases marcados por el calendario electoral. Dichas etapas se sucedieron sobre un trasfondo de incertidumbre y frustración (micro) económica. Lo verdaderamente novedoso de la época es que ese malestar económico, que rápidamente tiñe la conversación social, se transita de forma silenciosa, sin implicar una ruptura mayoritaria con el proyecto político y social libertario. En todo momento la aprobación del gobierno nacional osciló, decimal más o menos, entre el 41% y el 48%. A grandes rasgos, hay un 10% de la sociedad que se movió al compás de los vaivenes de la política y que se expresó en los distintos sondeos a la opinión pública.
Sin más preámbulo, vamos a las etapas que marcaron el ritmo de este movido 2025.
Primer momento (enero – mayo): $LIBRA y el comienzo de las campañas
Los primeros meses del 2025 parecían avizorar un año turbulento para el elenco libertario. Cuando gran parte de la sociedad argentina todavía estaba haciendo la plancha veraniega llegó el primer gran escándalo que involucró directamente a Javier Milei: el escándalo por la memecoin $LIBRA. La capacidad de daño de la noticia fue clara desde el primer momento y se hizo aún más evidente ante los primeros esfuerzos torpes para acomodar la situación, como la fallida entrevista guionada del presidente con Jonatan Viale.
Ocurre que uno de los principales drivers de adhesión hacia La Libertad Avanza pasa por su discurso orientado a la capacidad técnica y la declamada superioridad moral. En sus propias palabras, la corrupción sería un mal de la vieja política y la casta. $LIBRA fue la primera muestra clara de que el gobierno libertario puede sangrar, y que puede sangrar por heridas muy parecidas a las que supieron sufrir todos los demás espacios políticos que transitaron el camino del poder.
En la previa de las pruebas electorales, el espacio libertario parecía adentrarse en terreno pantanoso, atravesado a su vez por la disputa entre dos estrategias: el “vamos por todo” karinista y el garrote-zanahoria de las Fuerzas del Cielo caputistas. Las elecciones fueron, para el espacio violeta, el terreno en el cual dirimir esa discusión (hoy saldada para el lado de la hermana presidencial).
Segundo momento (mayo – septiembre): triunfalismo made in CABA
Con las elecciones porteñas del 18 de mayo, el karinismo se anotó su primer punto importante. El “vamos por todo” se vio con todo en la primera prueba electoral nacionalizada, la elección porteña, donde La Libertad Avanza rechazó (no muy amablemente) todas las pruebas de amor que el macrismo intentó transmitirle desde el comienzo del mandato mileísta. Y ese amor no correspondido le trajo sus frutos: desde ese momento el PRO está teniendo serios problemas para detener la sangría de referentes hacia el espacio violeta. La Libertad Avanza logra resolver el viejo enigma de la derecha argentina: cómo construir un proyecto de poder sustentado, en gran medida, en la sensibilidad antiperonista.
Este triunfo abrió una nueva ventana en la opinión pública argentina. De un día para el otro, la fortuna pareció alinearse nuevamente para La Libertad Avanza, no tanto por haber triunfado sobre el peronismo (recordemos que el territorio de la Ciudad de Buenos Aires siempre le fue esquivo a este último), sino por haber dado un paso fundamental en la disputa por la hegemonía en el espectro de la derecha.
El escenario se mantuvo con esa configuración a lo largo de varias semanas, con una sensación generalizada de que las listas violetas arrasarían en cada una de las elecciones que encararan (incluyendo la bonaerense). Recién comenzaron a aparecer indicios de cambio de clima sociopolítico con las revelaciones del caso de corrupción en ANDIS (una vez más, el tema tan temido en el continente libertario).
Tercer momento (septiembre – octubre): la crisis y la oportunidad oficialista
Y en ese contexto, llegó el 7 de septiembre con las elecciones en la Provincia de Buenos Aires, inaugurando un breve período (hasta fines de octubre) durante el cual Javier Milei debió enfrentar su mayor desafío desde su desembarco en la Casa Rosada.
Se trató de la primera derrota electoral de envergadura para los violetas, tanto por el peso político específico del distrito como por lo abultado del triunfo peronista. Comenzaron semanas de pánico, tanto en “los mercados” como en el circuito político oficialista.
Es sabido: el pez por la boca muere. En comunicación política, ese viejo refrán quiere decir que un encuadre puede ganar o perder elecciones, y también puede condicionar todo lo que pase después de que se abran las urnas. La campaña mileísta para la disputa bonaerense, “Kirchnerismo nunca más”, le dio una centralidad a la elección que fue leída en clave de crisis por los mercados, los formadores de opinión y la ciudadanía el día después.
Pero fue esa misma lectura crítica (y la ayuda del dúo Trump – Bessent) la que dio a luz a un encuadre ganador en las elecciones nacionales. No se dijo de forma explícita, pero fue una motivación latente en la cabeza de los votantes: “si a La Libertad Avanza le va mal, la economía se termina de romper”. Esa idea abrió una nueva ventana de oportunidad para el oficialismo nacional.
Cuarto momento (noviembre – diciembre): una vez más… el pez por la boca muere
Y esa ventana de oportunidad fue aprovechada con inteligencia por el elenco gobernante, validando la estrategia karinista de ir por todo. La noche del 26 de octubre pareció cerrarse, al menos por un momento, la disputa por la hegemonía en el hemisferio derecho del mapa político.
Una idea empezó a atravesar los grupos de opinión que se hicieron después de las elecciones. Lo más significativo fue que se circuló con fuerza entre votantes peronistas y/o antimileístas, opositores y desencantados con el resultado: “lo que pesó fue el voto cuota, porque todos nos decían que si no ganaba el gobierno el lunes todo iba a salir el doble, y mi familia ya está endeudada… no puedo pagar cuotas más caras”. Una vez más, el pez por la boca muere, esta vez en desmedro de las listas peronistas. Agitar la crisis que podría venir el día después de las elecciones terminó jugándole en contra.
Entre todas las hipótesis que elaboró la población para entender un resultado electoral sorprendente, las más pregnantes fueron las asociadas a ese temor. No hubo una avalancha de optimismo ni un relanzamiento potente de las expectativas hacia el gobierno libertario.

Dos conclusiones de los gráficos. En primer lugar, el optimismo a futuro sigue de cerca el contorno electoral: los votantes oficialistas son más optimistas que los opositores.
En segundo lugar: gobernar no equivale a generar expectativas desmedidas. Es un equilibrio delicado, ya que sin expectativas no se puede… pero con expectativas exageradas, la vara es muy alta y difícil de alcanzar. El nivel moderado de expectativas económicas, sumado al temor a repetir el pasado representado en el peronismo, deja plantado un punto de partida relativamente cómodo para el presidente Milei. Lo que haga con esos insumos está por verse en la segunda mitad del mandato.
Los desafíos de una opinión pública atrincherada, volátil y sofisticada
El título encierra una contradicción. Pero la realidad es, en sí misma, contradictoria. ¿Estamos ante una sociedad cristalizada en sus posiciones previas o en una sociedad volátil?
En cuanto a identificación por espacio político, puede hablarse de un tercio netamente oficialista (cercano a La Libertad Avanza), un tercio cercano a alguna expresión del peronismo y un resto sin identificación o con identidades blandas.

Esa distribución de identidades (léase, polarización emocional) también se refleja en las primeras impresiones tras las elecciones:

El hemisferio opositor y/o peronista: negatividad a flor de piel.

La esperanza y el cambio como dos grandes motores en la cabeza oficialista.
En simultáneo a estos rasgos de polarización discursiva de la sociedad aparecen síntomas de preferencias oscilantes y sofisticadas más allá de los núcleos duros. No fue la misma lógica con la que se votó en septiembre (con movilización de abajo hacia arriba vía intendentes y sin el elemento del miedo tan fuerte) que en octubre (donde se plebiscitó, en definitiva, al dúo Milei-Trump y a su ayuda).
Estamos saliendo de la montaña rusa y entrando a un año sin elecciones. Pero hay que evitar lo obvio: que la sociedad no sea llamada a las urnas no le resta importancia a investigar qué le pasa por la cabeza y el corazón. Al contrario, será un año donde se pondrán a prueba las expectativas planteadas con la nueva configuración de fuerzas y durante el cual la oposición tendrá el enorme desafío de volver a convocar y a plantear un proyecto convocante.
Desde Vozna pondremos todos los esfuerzos y el entusiasmo para comprender un escenario con ese nivel de complejidad.
Pero, antes que nada… ¡felices fiestas!
